No me cambies ni una coma

"Sabemos que el pasado, el presente y el porvenir ya están,

minucia por minucia, en la profética mente de Dios, en su eternidad;

lo extraño es que los hombres puedan mirar,

indefinidamente hacia atrás pero no hacia adelante".

 (Jorge Luis Borges)

—Parece que nos va a tocar buen tiempo— presagió Juan en voz baja.

—En esta época no se puede esperar otra cosa, es verano— le contestó el otro Juan, casi susurrando.

—Si, pero varias veces nos ha tocao' lluvia…

Aún no había clareado y ya los demás estaban despiertos, probablemente ni siquiera hubieran dormido. Los dos hombres mateaban en la penumbra, separados del resto. Un silencio expectante lo cubría todo mientras que la brisa fresca que auguraba la mañana ya se colaba por los resquicios de los postigos del recinto.

—Tenés todo listo?— inspeccionó Juan.

El otro Juan lo miró con un gesto de fastidio y aburrimiento.

—Nunca te cansás de hacer la misma pregunta vos?, no me irás a decir que andás asustao'…

—Pero qué asustao' ni que nada!, me preocupa que todo salga igual que siempre!, como tiene que ser!.

—Bajá la voz Juan!, no ves que el jefe está alerta?, si te escucha hablar fuerte se va a calentar como papa e' guiso…, además, cuántas veces hicimos esto ya?

—Habrá dormido?

—Quién?

—El jefe!, quién va' ser?

—Nunca lo he visto dormir, siempre hace lo mismo. Fuma y piensa.

—Bueno, repasemos una vez más…

El otro Juan dejó escapar un suspiro de resignación y asintió con la cabeza. Su camarada era empecinado y eso lo molestaba un poco, pero qué le iba a decir?, el destino le había deparado la parte más fulera de los hechos y eso no se podía cambiar. Además era su amigo, si hasta se había acomodado el nombre para llamarse igual que él… no no, las protestas eran solo un juego, a Juan era capaz de aguantarle lo que fuera.

La curiosidad o quizás el hastío le cruzaban siempre la misma idea por la cabeza pero no se animaba a desembuchar, salvo esta vez que no se aguantó:

—Oíme  Juan, a vos siempre te toca la parte más peluda, no querés que cambiemos un poco?, digo, pa' variar…

El otro Juan lo miró entre sorprendido y malhumorado, y aunque entendió enseguida las nobles intenciones de su amigo, igual le respondió con la rudeza que lo caracterizaba:

—Pero vos estás chupao' Juan?, sabés que no se puede cambiar ni una coma!, cómo me venís con esas?. Vos tenés que seguir, te quedan un montón de cosas por hacer, yo en cambio me bajo acá. Es así y punto.

—Está bien Juan, olvidalo. Una ocurrencia nomás. Repasemos como vos querés..

—Bueno. Entonces vos salís por la izquierda con el grupo del jefe y yo por la derecha en el otro grupo. Yo voy a llegar más tarde, así que vos tenés que aguantarlo firme…

—Primero tengo que cargarme a esos dos, sino voy a llegar antes de tiempo…— agregó el otro Juan.

—Muy bien, veo que estás atento.

—Y cómo no me voy a estar atento?, cuántas veces lo hicimos ya?, bueno no importa, seguí.

—Bueno, vos llegás justo cuando él se cae. Se le van a ir cuatro al humo. Qué tenés que hacer?

—Y... los aguanto…

—Si Juan!, esa es la idea!, pero cómo?!

—Bueno, al más bajo le doy un culatazo en el mate, giro y con la faca le abro el pescuezo al segundo…

—Bien, qué más?

—Con el mismo envión lo ensarto al tercero y justo cuando llegás vos le descargo el fusil en la barriga al cuarto.

—Y después?

— Vos lo ayudas a levantarse al jefe, pero se nos vienen tres más, me entrevero con el primero y los otros dos…— vuelve a hacer un  silencio —Juan, no querés cambiar aunque sea una vez?

—Basta carajo!, pero mirá que sos como bigote 'e gato, eh!?, desde cuando me has visto esquivándole el bulto a las cosas yo!?

—Bueno, está bien Juan. Entonces, los otros dos te lancean, después llegan los demás y los terminan achurando. El jefe consigue levantarse y seguimos hasta que se van en desbande como gallaretas...

—Y a mí me llevan pa'dentro, hablo con el jefe y después, bueno… terminamos.

—Silencio, ahí viene, ya es tiempo… ajustate esas correas vos.

—Nos vemos en el frente Baigorria y ya sabés: No me andés cambiando ni una coma, estamos?.

—Ni una coma Cabral, nos vemos al lao' del jefe.

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