El Imbécil

"Que nunca te echen, rogale a tu Dios,
porque en el culo te pondrás ese auto".

(León Gieco)

Rogelio Piccafece, encargado de una ferretería. Esposo y padre de familia. Hincha apasionado de Boca Juniors y del deporte motor. Cultor fervoroso de las antiguas tradiciones y celoso guardián de los principios morales del cristianismo blanco occidental, que deberían sustentar las bases de toda sociedad justa y sana:

—Pero mirá estos dos degenerados!, no les alcanzó con casarse entre ellos y ahora pretenden adoptar un pibe!, estamos todos locos!, manga de putos!— vocifera enardecido frente a la pantalla al ver el informe periodístico de dos hombres casados que intentan adoptar un niño.

—Graciela!, dale que ya empieza la carrera!, para cuando la cerveza y la picadita?!— le reclama a su sentida esposa que corre presurosa a satisfacerle el pedido.

—Vos no podés opinar!, todavía sos muy chica para entender cómo funciona esto!— le espeta a su hija adolescente que pretende expresar su opinión sobre el derecho al aborto.

—Graciela!, te dije que no me cambiés el canal!, no ves que ya empieza el partido?!.— Es que Rogelio, como dueño y señor del control remoto de su casa decide qué contenidos se consumen en su hogar y en qué momento.

—Qué atorranta!, mirá cómo va vestida la yegua aquella!. Con esas pilchas está pidiendo a gritos que se la cojan!... Después si les hacen algo se quejan, son todas iguales…— murmura escandalizado mientras conduce, mirando a una bella joven que cruza la calle enfundada en una pollera diminuta, que por otra parte le despierta una cierta mirada de lascivia.

Rogelio es también un recalcitrante defensor de los derechos de la mujer ama de casa. En realidad no concibe otra ocupación más apropiada para una mujer que la de guardiana del orden y la higiene del hogar y del bienestar del varón:

—Graciela!, todavía no me planchaste la camisa a cuadros que te pedí?!, te dije que la quería para hoy que salgo a cenar con los muchachos!...

—Ah!, Graciela!, al final el asado con los muchachos lo hacemos el viernes acá en casa. Preparame la ensalada de papas esa que sabés hacer vos, dale?. Y un postrecito podría ser también. Vamos a ser doce…

—Pero Graciela, qué me decís?!,… como si yo te pidiera ayuda para atender la ferretería!, la mesa la vas a tener que levantar vos corazón!, yo ahora estoy cansado…

El sagrado santuario de Rogelio Piccafece, el símbolo de su más perfecta masculinidad es sin lugar a dudas su automóvil, cuya higiene y buen aspecto defiende como un cruzado frente a cualquier apóstata que pretenda profanarlo con un par de zapatos sucios o vaya a saber uno con qué otra herejía similar:

—Graciela!, te dije mil veces que te limpies las suelas de los zapatos antes de subir al auto!, mirá cómo me dejás las alfombras recién enceradas!...

—Nena!, no te apoyés en el vidrio, no ves que lo manchás con la grasitud de la piel y después me cuesta un huevo limpiarlo?!...

—Pero qué te dije de arrastrar el culo por todo el asiento?!, bajá por donde subiste!, es tan complicado de entender?!...

—No chiquita!, ni sueñes con que vas a subir al auto con ese paquete de galletitas!, me dejás todo el tapizado lleno de migas!, no te das cuenta?!...

Todo hombre que se precie de serlo debe manejarse con principios claros y precisos que le permitan desenvolverse en situaciones que para otros resultarían en motivo de incertidumbre, Rogelio lo sabe, y sus valores incluso le otorgan la desenvoltura necesaria para juzgar a terceros:

—Esto yo lo tengo muy claro!, uno se puede voltear alguna minita de vez en cuando, pero eso no significa que a la patrona no se la respete…

—Qué pollerudo de mierda es este Alberto!, siempre lo mismo, seguro que no va porque la mujer le pidió que se quedara a hacerle compañía. Vamos a tener que buscar otro defensor para el futsal, es al pedo…

—Mirá esa mina pidiendo en el semáforo con toda la cría!, dos borregos y otro en brazos!, paren a repetición y después salen a pedir ayuda para mantenerlos… Seguro que cuando los estaba haciendo ni lo pensó!... qué negros de mierda que son…

Para Rogelio no existe tema más apasionante que su vida misma, su placer más encontrado consiste en relatar las vicisitudes de su diario vivir, mientras que el resto de los mortales (él está convencido), viven expectantes por escucharlo:

—…resulta que el pelotudo este insistía en pedir los bulones en pulgadas pero con el paso de rosca milimétrica, o sea, no tenía ni idea de lo que estaba diciendo, estaba totalmente confundido, no sabía nada de nada pero seguía insistiendo… me estás escuchando Graciela?...

—…entonces gambeteo al defensor y justo antes de entrar al área le hago el pase al lateral para poder avanzar libre, el lateral me devuelve un centro y se la termino colocando justo en el ángulo, fue una jugada maestra, con decirte que el arquero se quedó mirándola porque no me la pudo atajar, imaginate!…

—…el modelo nuevo trae las cerraduras del color de la carrocería, pero lo más importante es el control de velocidad crucero y la caja secuencial , que es lo que hace que el manejo se más confortable, me entendés?... uy Graciela… hablarte a vos es como hablarle a la pared…

Rogelio también es un eximio asador, pero como a todo artista no es bueno contrariar su genialidad con comentarios de tono crítico y fuera de lugar, orientados como por ejemplo al grado de cocción de los cortes de carne o al nivel de sazonado de los mismos:

—A ver: El asado se acostumbra a comerlo del modo que lo prepara el asador, pero acá si está rojo es porque está rojo, si está seco es porque está seco!. Con la sal pasa lo mismo: O le falta o parece un bacalao, Graciela, a vos no hay manera de complacerte querida!, pero por favor che!...

La visión que Rogelio Piccafece tiene acerca del mundo que habita es tan contundente y precisa que no admite mayores discusiones, ni la posibilidad siquiera de poner algún aspecto en tela de juicio. Pero su profunda vehemencia no debe ser confundida con intolerancia fanática en modo alguno:

—A ver querido, cuando vos vas yo ya estoy volviendo, me entendés?, qué me querés contar?, qué me querés explicar que yo no sepa?, no me quieras vender la fórmula de agua tibia papá!, justo a mi?!, no!, te equivocás!...

—Este quilombo ya sé cómo termina, yo ya me vi todas las películas, por eso a mí nadie me puede venir a contar nada, me entendés?, así nomás te lo digo...

Su increíble sentido del humor es quizás la cualidad más descollante de Rogelio Piccafece. Cuando despliega su interminable repertorio de chistes acerca de personas de diferentes nacionalidades, culturas, razas, religiones u orientaciones sexuales, inevitablemente termina siendo el centro de las reuniones:

—En qué se diferencian un judío de una pizza?: La pizza no grita cuando la metés en el horno!, jajajaja…

—Escuchen este, escuchen este!: Cuál es la diferencia entren un blanco y un negro que están corriendo?: Que el blanco es un deportista y el negro es un chorro!, jajajaja…

—…Qué hace un hombre cuando su mujer le reclama más libertad?: Obvio, le agranda la cocina!, jajajaja…

—…Sabían que un estudio comprobó que nueve de cada diez personas disfrutan las violaciones grupales?, jajajaja…

La lista es interminable. Por sus chistes desfilan negros, judíos, homosexuales, inmigrantes, mujeres, bolivianos, gallegos…, todos están representados.

Rogelio Piccafece, encargado de una ferretería. Esposo y padre de familia. Fanático de Boca Juniors y del automovilismo. Defensor de la moral cristiana y de los derechos de la mujer ama de casa. Amante fervoroso de su auto. Conocedor profundo de la vida y de los auténticos valores con que un hombre debe conducirse, y por sobre todo, un gran contador de chistes inenarrables.

Rogelio Piccafece lo sabe todo, pero desconoce un secreto: No existe confesión más en serio que aquella que se dice en broma. Aunque eso tampoco es algo que pueda quitarle el sueño.

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