Porno Estreamer

"No tenemos que copiar las cosas malas de afuera,
nosotros tenemos que crear nuestras propias cosas malas!"
(Roberto Fontanarrosa)

Contrariamente a la pacífica y predecible vida de nuestros abuelos, la vida actual puede resumirse fácilmente en términos de velocidad y cambio permanentes. Vivimos una existencia signada por lo efímero y lo momentáneo.

En este contexto caótico los individuos con mayor capacidad de resiliencia son quienes logran mantenerse a flote en esta gran tormenta que supone la vida moderna.

Y muy por el contrario a lo que pudiera suponerse, los individuos que logran avanzar en este mundo salvaje y despiadado no son los que golpean más fuerte sino los que son capaces de resistir mayor cantidad de golpes. Adaptación y resistencia. No hay más secreto que eso.

Días atrás, mientras volvía del banco, me crucé con el gordo Povedano, antiguo compañero de secundaria. Casi no lo reconocí con ropa oscura, detrás de unos enormes anteojos totalmente negros y un sombrero panamá del mismo color.

—Qué hacés?!, tanto tiempo!— me descerrajó el gordo con su habitual simpatía —Vení, te invito un café y charlamos un rato– prosiguió, como parte de su tradicional cordialidad.

Después de tantos años, el gordo Povedano no solo había logrado mantener su silueta sino que además había conseguido aumentarla. Ante la sorpresa del encuentro no pude más que aceptar la invitación.

El gordo (su nombre es Jacinto) hizo punta entre las mesas del bar. Haciendo gala de una agilidad y una destreza que no se correspondían con el volumen de su anatomía fue eludiendo mesas hasta terminar eligiendo justo la del rincón del fondo. Se acomodó entre la mesa y la pared. Allí sentado parecía que estaba a punto de estallar, sin embargo no mostraba signo alguno de incomodidad.

—Jacinto, estás bien ahí?, no querés sentarte acá?

—No, no, dejá. Acá estoy bárbaro. Además tengo un panorama completo de la concurrencia.

—Qué sorpresa gordo!, tantos años… no te reconocí con esas pilchas de agente secreto, qué es de tu vida?, contame un poco qué has hecho— le inquirí.

El gordo Povedano me sonrió, tomó un respiró hondo como para sumergirse a bucear sin equipo y sin quitarse sombrero ni anteojos arrancó:

—Uhh, bueno, en estos años que pasaron desde la secundaria he hecho de todo un poco. Empecé vendiendo celulares, al principio me iba bien, después se saturó el mercado. Entonces arranqué con la venta de productos adelgazantes, mala idea, mi imagen no convencía a nadie —se interrumpió a sí mismo con una risa sincera—,vendí electrodomésticos por catálogo pero no funcionó, entonces surgió el asunto de los tiempos compartidos, y como me quedaba tiempo también lo meché con la venta y alquiler de propiedades para la inmobiliaria del "Tuerto" Benítez, te acordás?. Luego se me ocurrió empezar la carrera de chef, pero me mató la falta de constancia y terminé largando, así que seguí vendiendo los tiempos compartidos y los alquileres hasta que bueno, ocurrió lo de aquel episodio…

Jacinto me quedó mirando en silencio como buscando mi mirada cómplice, yo por mi parte, no sabía a qué se refería.

—Cuál episodio gordo?

—No supiste?

—No no, contame…

El gordo me siguió mirando un momento, entre indeciso y desconfiado, tomó otro respiro hondo, como para volver a sumergirse pero esta vez a mayor profundidad, y empezó:

—Vos sabés que yo siempre fui un tipo tranquilo, cero desenfreno, este asunto fue una joda que me hicieron y se desmadró.

Yo lo miraba en silencio, cada vez con mayor curiosidad.

—Fue hace un par de años en la casa del "Turco" Raschid, nos juntamos una noche a comer un chivo, te rastrearon para invitarte pero alguien supo después que estabas de viaje creo. Comimos y chupamos como descocidos. En un momento yo estaba re mal y le pedí al turco que me dejara tirar un rato en la cama.

Mi silencio seguía motivado por mi curiosidad, cada vez mayor.

—También estaban el "Dientón" Benítez y el "Sordo" Benavidez. Viste que sobrios esos dos eran bravos con las bromas pesadas, bueno, imaginátelos en pedo. La cuestión es que no sé de donde apareció una muñeca inflable que me pusieron al lado y entonces me filmaron…

—Bueno, hasta ahí bien, pero no lo veo tan grave— argumenté, —vos durmiendo en la cama con una muñeca que te arrimaron…

—Bueno, es que no fue tan así. Resulta que yo también estaba bastante en pedo y no tuve mejor idea que quitarme toda la ropa para recostarme, entendés?, cosas de borracho… La cosa a partir de ahí es bastante confusa, y si no fuera por el video te juro que lo hubiera negado a morir, qué te quiero decir con esto, bueno, al parecer mi participación fue más bien activa con la muñeca…, vos me entendés, no?...

Yo lo seguía escuchando en silencio mientras imaginaba al gordo Povedano en pedo, protagonizando una escena de alto contenido erótico con una muñeca inflable y hacía denodados esfuerzos para contener la carcajada y evitar que el más mínimo rictus facial delatara mi enorme tentación.

—El asunto es que estos culiados subieron el video a un portal porno y después entraron a pasarse el link por whatsapp. No sabés qué vergüenza hermano!, el video le llegó a medio mundo, no sé cuánto tiempo estuve sin animarme a salir a la calle…

—Qué cagada Jacinto, me imagino— (lo que el gordo no podía imaginarse es que con el relato yo estaba a punto de mearme de la risa).

—La cuestión es que yo estaba encerrado en casa sin querer salir, y un día me llega un mail todo en inglés. Yo sé poco inglés y me costó bastante entender. Le di bola de pedo porque primero creí que era alguna propaganda. Bueno, el asunto es que era de un portal europeo con contenido premium para adultos, habían compartido mi video y parece que yo había sido tendencia durante un mes seguido entre el público femenino, podés creer?!, las europeas estaban emputecidas conmigo!, con el gordo Povedano, papá!.

En ese momento la risa contenida se me entró a calmar y empecé a escucharlo con más atención.

—Me propusieron que les enviara más material, pero tenía que ser con muñecas inflables, no las japonesas hiperrealistas esas que vienen ahora, no, las comunachas nomás, y también con osos de peluche gigantes pero ataviados con ropa de cuero, y yo en bolas. Parece ser que son contenidos muy demandados por el segmento femenino, y yo, bueno, con mi carisma resulté ser el amante latino soñado por las europeas!, qué me contás!.

—Y qué hiciste?— le pregunté.

—Y qué iba a hacer?!, agarré viaje!, si venía muerto!

Mi risa contenida había desaparecido por completo y mi expresión de asombro asomaba libremente por mi cara.

—Me compré mi primer muñeca y empecé a hacer videos caseros. Después también incorporé los osos de peluche con ropa de cuero. Los tipos chochos. Me empezó a llegar guita, euros!, muy buena guita. Ahora vivo bárbaro y sin mucho esfuerzo. Hace dos semanas por ejemplo volví de Estocolmo, ahí soy como una fiebre, me invitaron al último festival de cine amateur para adultos. Todo pago, una cosa desquiciante, no sabés las mujeres que hay…

—Qué bárbaro— fue lo único que mi asombro me permitió articular.

—El mes que viene lanzo mi propia línea de muñecas inflables y osos sex, va a ser un golazo de arco a arco. Si llegás a estar interesado, tomá te dejo este cupón de descuento, la venta es solamente on line, estricta reserva, no te vas a arrepentir…

—No gordo, gracias, no le hago a las muñecas…

—Uy, mirá la hora que se hizo!—, dijo el gordo de pronto, —me tengo que ir a editar mi último video para enviarlo. El año que viene casi seguro que arranco con mi propio sitio, ya estuve averiguando.

—Chau Jacinto, suerte!— le alcancé a decir, mientras veía por el espejo cómo el gordo Povedano se alejaba haciendo gala de la misma agilidad y destreza para eludir mesas que exhibiera al entrar.

Los individuos con mayor capacidad de aguante y de adaptación son quienes logran mantenerse a flote en esta gran tormenta que supone la vida moderna. Jacinto "el gordo" Povedano, no solo logró mantenerse a flote, sino que además consiguió elevarse hasta mantener sus pies bien secos.

Y todo a fuerza de carisma.

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