Deseos y Frustraciones

"Mis deseos son órdenes para mí."

(Oscar Wilde)

Fue hace tanto tiempo que ya nadie lo recuerda, pero hubo un día en que las personas decidieron abandonar su instinto seducidas por el deseo, sin saber que con esa decisión engendrarían sin proponérselo a su más despiadada némesis: El fantasma de la frustración.

Mientras que el deseo es un vórtice que engulle de manera interminable el esfuerzo de las personas por satisfacerlo, la frustración es el lamento de su hambre no saciada.

Así, la frustración persigue a ciertos individuos como un sollozo insoportable, y estos intentan acallarla buscando saciar el hambre del deseo. Y en un interminable circuito sin principio ni fin, estas personas paren deseos que luego necesitan acallar con desesperación, para una vez sosegados estos, volver a parir otros, y así…

Todos los seres humanos desean. Algunos son deseadores de cosas, otros lo son de sueños, algunos desean ser o no ser, otros desean parecer y también no parecer, y hay quienes de igual forma son deseadores de otras personas.

Pero Querencio Scaldaferro era un caso particular. Desconocedor de la sensación que causa la paz interior, era de esa clase de deseadores compulsivos que anhelan todo lo que se les cruza por la nariz. Era lo que ordinariamente suele conocerse como un "culo-ve-culo-quiere", porque además de deseador, Querencio era caprichoso, una característica que elevaba a un grado superlativo los efectos de sus frustraciones.

Podría decirse sin temor a exagerar que Querencio era un fundamentalista, un talibán de la satisfacción de sus deseos, donde la obtención del fin último justificaba el uso de cualquier medio a su alcance.

Esta característica distintiva de su temperamento había comenzado a manifestarse ya en su niñez con frecuentes empacamientos acompañados de llantos, alaridos, apneas y cuadros cianóticos cada vez que sus padres le negaban la satisfacción de un pedido, o ya en la pre adolescencia consiguiendo la posición estratégica de "dueño de la pelota" en los partidos de fútbol de potrero, situación de poder que le permitía dirimir cualquier entuerto a su favor con la simple advertencia de "agarrar la pelota e irse a su casa".

Incluso en su temprana juventud, los severos hábitos de la milicia que experimentara durante su paso por la colimba tampoco lograron corregir su particular naturaleza. Cuando un deseo crecía en su cabeza no podía pensar en otra que cosa que no fuera en satisfacerlo. A como diera lugar…

…"Motor V8, llantas de aleación de 19 pulgadas, luces led, detector de baja presión en neumáticos, caja automática de 10 velocidades, levas al volante, asientos de cuero y regulación eléctrica, climatizador automático bi zona, vidrios fotocromáticos, encendido automático de luces"… rezaba la lista de características del folleto que seguía interminable, y en cada detalle Querencio Escaldaferro se persuadía aún más de que esa era la nueva razón de su existencia...

—Su usado es modelo '96, no lo tomamos como parte de pago, pero se lo podemos dar a un reventa para que lo comercialice. Entonces le estaría quedando en setenta y ocho mil quinientos dólares más gastos de patentamiento y seguro prendario— sentenció el vendedor.

 —Aquí tiene mi tarjeta y el resumen de cotización con validez por una semana. Por ahora disponemos de stock para entrega inmediata— terminó casi como en una advertencia, a la vez que  ensayaba una sonrisa estudiada.

—El Ford Mustang GT "Gris Magnético" es sin dudas el auto hecho a mi medida. El único capaz de reflejar mi estilo— se auto convencía mientras caminaba hacia su viejo Fiat Duna, herencia de su padre.

Así fue como Querencio, plenamente convencido de la necesidad de su decisión recurrió a un préstamo bancario para completar sus magros ahorros que no alcanzaban ni para la quinta parte del anticipo, más otro de una financiera para solventar los gastos de patentamiento.

La asombrosa magia del vendedor por su parte hizo que su perfil financiero encuadrara casi naturalmente con la opción de saldo en setenta cuotas, las que sumadas a la cancelación de los préstamos le insumirían enormes sacrificios teniendo en cuenta sus ajustados ingresos como asistente en una escribanía, y además tenía que seguir viviendo, pero estas eran cuestiones en las que prefería no pensar demasiado.…

Diez días después Querencio pudo retirar su vehículo, muñido de un par anteojos ahumados de marca italiana y un atuendo completo de elegante sport adquiridos especialmente para la ocasión y que lo sindicaban como una estrella de cine ante los ojos de cualquier desprevenido.

—Felicidades Sr. Scaldaferro, que disfrute de su lujosa unidad, y lo esperamos para el primer service— lo despidió el vendedor mientras le daba un apretón de manos y la misma sonrisa estudiada de la vez anterior.

Querencio subió a su Ford Mustang GT "Gris Magnético" y puso rumbo hacia el encuentro de esa existencia promisoria y única que solo un auto de esas características podía depararle.

Lo primero que hizo Querencio ya en la vía pública fue llamar a Matilde, la bella secretaria de la escribanía, seguro de que una invitación para salir esa misma noche en su nuevo Mustang sería una propuesta imposible de rehusar. Porque Querencio deseaba todo lo que veía, y su atractiva compañera de trabajo no era la excepción.

—Hola Mati?, te estoy llamando a través del sistema integrado de voz de mi Ford Mustang GT "Gris Magnético"…, siii hermosa!, me lo compré!…, claro que sí…, si…, feliz por supuesto…, obvio más vale…, si…, qué hacés hoy?, te invito a salir…, buenísimo dale…, te paso a buscar tipo 21:00, querés?..., si, si, ponete linda…, una foto?, dale, ahí te mando….

Cuatro años después del incidente, los empleados de la concesionaria siguen afirmando que el factor determinante de lo ocurrido pudo deberse al intenso ahumado de los anteojos de marca italiana de Querencio,  en tanto que el cuida coches de la cuadra al día de hoy sigue jurando por su trapito que vio como el conductor del deportivo cruzó las barreras "pelotudeando" con sacarse una selfie. Lo cierto es que el chofer de la formación de carga del Belgrano ni siquiera pudo ensayar una frenada al encontrarse de súbito con el Mustang GT "Gris Magnético" que sorteó la barrera baja gracias a sus exquisitas y aplanadas proporciones aerodinámicas, asomando su trompa distraídamente, la cual fue arrancada de cuajo y arrastrada doscientos metros más allá, con tren delantero y motor incluidos. El parabrisas fotocromático quedó intacto.

Querencio no sufrió ni un rasguño y la aseguradora por su parte no necesitó mucho esfuerzo para demostrar su negligencia en el modo de conducir, desligándose de los gastos de reparación. Su manifiesta insolvencia lo obligó a optar por vender lo que quedaba del Mustang a un autopartista, arreglando con lo obtenido una fracción de las deudas pendientes…

El mes que viene Querencio terminará de pagar el préstamo bancario del anticipo y tan solo le quedan dos años más para cancelar la financiación. Su amigo Juan le prestó una bici playera con la que se desplaza a todos lados, debido a lo cual su condición cardiovascular ha mejorado notablemente. Los anteojos ahumados de marca italiana y la ropa de elegante sport en combinación con la bici playera le aportan un cierto aire provocador, aunque algunos malintencionados afirman que simplemente es un total ridículo.

Milagrosamente nunca volvió a padecer de aquellos cuadros de encaprichamiento compulsivo que solían atormentarlo. Querencio sostiene que es producto del ejercicio que le aclara la mente, sin embargo sus amigos creen que es obra del cagazo padre que se pegó y aún le dura.

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