Creer o Reventar
" Las afirmaciones que no pueden ser probadas,
las aseveraciones
inmunes a la refutación,
son verídicamente
inútiles,
sin importar el valor
que puedan tener para inspirarnos ".
(Carl Sagan)
Las sobremesas en la casa del Turco Raschid eran invariablemente amenas, sea porque tenía unas sillas comodísimas o porque el escabio era generoso, la cuestión es que siempre había terreno fértil para cultivar los temas más apasionantes, metafísica, filosofía o polleras, y esa noche no era la excepción.
En esa ocasión, muñidos de sus respectivos vasos de malbec, el Sordo Benavidez y el Dientón Benítez escuchaban los planteos del Turco Raschid con una mezcla de incredulidad y suspicacia, mientras que el Chino Rodríguez seguía revolviendo el café como con intenciones de marear la cucharita:
—Jodeme Turco!, cómo que hay una pava orbitando alrededor del sol?!, hay fotos?, quién la descubrió?, cuándo la subieron?.
—Nadie sabe cómo llegó allí, pero está— le respondió el Turco con la suficiencia propia de quien se sabe poseedor de un secreto mayúsculo.
—Y quién la vio?, la NASA?, la NASA la vio?– redobló el Chino.
—No la pudo ver nadie, pero ahí está– respondió enigmático el Turco dándole otra pitada al cigarrillo mientras achinaba los ojos.
El Sordo Benavidez jugaba con el vaso de tinto y se mantenía en silencio con la mirada puesta en la mosca que caminaba por la moldura del cielorraso, como sopesando las palabras del Turco, hasta que sin dejar de vigilar a la mosca sentenció:
—Y a vos Turco, de dónde te nace la seguridad de que hay una pava girando alrededor del sol si no la viste ni nadie la vio?.
—Muy sencillo Sordo: Porque creo— le respondió con una aparente simpleza que no satisfizo a los demás, expectantes por presenciar una estocada dialéctica más compleja.
—Creo que sé para dónde querés ir— dijo de pronto el Dientón Benítez, que hasta ese momento parecía sumergido en una profunda somnolencia etílica, —Para vos la pava espacial existe porque crees que existe y ya.
El Turco lo miró con una sonrisa cómplice y apuró otro trago de vino sin dejar de mirar al Dientón, que le correspondía la sonrisa cómplice con un leve movimiento de cabeza.
—Ahh bueeeno!!, entonces créanme que la otra noche la pasé con Rita, la encargada de la farmacia del vasco Ezcurra!, saltó el Chino exaltado, —Créanlo. No tengo documentos pero es posta!.
—Más quisieras Chinito– le contestó el Turco en tono conciliador. —Tu asunto con Rita sería una cuestión comprobable, en cambio lo de la pava espacial no, me entendés?, puede ser como puede no ser, pero si crees que es, hay probabilidades de que la pava esté allí…
—Racionalismo versus creencia– murmuró el Sordo Benavidez como para sí.
—El nudo de la discusión está en lo incomprobable, me entienden?— reforzó el Turco, –Para un racionalista una cosa, evento o fenómeno existe en tanto y en cuanto pueda ser comprobada su existencia, en cambio para el creyente no, solamente cree…
—Y si te traigo una muestra de ropa interior Turco?, me creerías?, acotó el Chino a punto de soltar la carcajada.
—No Chino, acá todos sabemos que para que pase algo entre Rita y vos, primero tenés que remar de acá hasta Uruguay, ida y vuelta. Y no sé si alcanza— le contestó el Turco con la risa de todos como fondo.
—Pero eso no es todo— prosiguió el Turco, iluminado por el malbec —Una cosa es probar que algo existe y otra distinta es probar que no existe. Todo depende del punto de vista. Imagínense, el creyente también le podría pedir al racionalista que avale sus razones y que pruebe que aquello en lo que él cree, en realidad no existe.
—Turco, eso es como buscarle la quinta pata al gato— sentenció el Sordo Benavidez.
—Nada de eso Sordo, pensá en esto: La postura racionalista puede resultar como una "reductio ad absurdum"…
—Boca sucia!, lo interrumpió el Dientón Benítez, mientras se estiraba sobre la mesa para alcanzar la botella de tinto que le había quedado en la otra punta.
—Decía: Si vos me demostrás que este mantel no es blanco, por qué debo pensar entonces que es negro?, no existen otras opciones acaso?.
El silencio imperó momentáneamente en la sobre mesa, evidenciando la contundencia del argumento del dueño de casa.
—Bueno, tu mantel una vez fue blanco Turco, pero eso fue hace mucho— le descerrajó el Chino, como buscando revancha por los comentarios socarrones sobre él y Rita.
—Culpa de Ustedes— contestó el Turco, rápido de reflejos, y agregó: —Piensen en lo que podrían ser las bases de la filosofía cuántica.
—Lo qué?— dijeron los tres casi al unísono.
—Claro, piensen un poco: Imagínense por un momento que una cosa, un evento o un fenómeno pudieran ser comprobables solo si se los observa de soslayo, mientras que si se los abordara de frente entraran en el campo de las creencias.
—Aléjenle el vino al Turco que se lo está tomando todo— bromeó el Sordo mientras se echaba hacia atrás en la comodísima silla que le había tocado ocupar.
—No che, en serio. Piensen por un momento en la dualidad onda - partícula de un rayo de luz, depende como se mire puede ser una cosa u otra…
—Vos decís que depende de cómo lo pensemos al Chino, podemos verlo remando a Uruguay pero al mismo tiempo si creemos que está con Rita también eso va a estar sucediendo?— resumió el Dientón Benítez.
—Tranquilo Chino!, según la filosofía cuántica del Turco, todavía tenés posibilidades!— vaticinó el Sordo Benavidez, mientras se atoraba por hablar mientras bebía.
—Che, quién tiene hora?— preguntó de repente el Chino.
—Casi la una de la mañana Chino, no me digas que tenés sueño— le contestó el Turco.
En ese mismo momento el sonido del portero cortó la charla animada y se hizo un silencio.
—Será el Gordo Povedano?, dijo que no podía venir. Voy a ver…
—Hola… sí, soy el Turco… Ah, cómo andás…, si si, está acá. Querés subir?..., Bueno, ok, ahora le aviso. Ya baja. Un beso.
La cara del Turco denotaba una mezcla de sorpresa y perplejidad, mientras tanto todos lo miraban expectantes.
—Quién es? preguntó el Dientón.
—Es para vos Chino, te busca Rita, dice que te espera abajo…
—Yo les avisé— se ufanó el Chino, pero con tanto racionalismo y tanta mecánica cuántica no me dieron ni tronco de bola…
—Chino ídolo!, cuándo volviste de Uruguay que no te vimos?!— le gritó el Turco entre risas.
El Chino agarró sus cosas y bajó raudo al encuentro de Rita. El Dientón Benítez se sirvió más tinto y retornó al mutismo del principio, mientras que el Sordo Benavídez volvió a localizar la mosca de la moldura que lo había tenido compenetrado un rato atrás y empezó a seguirla con la mirada.
El Turco buscó otro cigarrillo y mientras lo encendía reflexionó:
—Por suerte siempre queda la vieja opción vigente para lo inexplicable.
—Cuál es?— preguntó el Sordo, sin quitarle los ojos de encima a la mosca de la moldura.
—Creer o reventar Sordo, creer o reventar.
Acto seguido se fue a preparar café porque el Dientón se había cargado la última gota de malbec que quedaba en la botella.
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